Matices de poder
Con una campaña plagada de incertidumbres y descuadernada, producto de las decisiones mezquinas de su dirigencia, hasta el más optimista de los liberales tiene claro que el camino a la victoria está prácticamente allanado para Adriana Magali Matiz.
No se necesita esperar encuestas adicionales, ni hacer mayores operaciones aritméticas para advertir un triunfo aplastante, revertir esa tendencia, a 20 días de elecciones, es un asunto solo posible por la intersección divina.
Sin embargo, en política no hay oponente pequeño, por lo que, apelando a la moraleja de la célebre fábula de la liebre y la tortuga, es tiempo de asegurar las posiciones conquistadas y no caer en el exceso de confianza, antes de pasar la línea de meta.
Habiendo lanzado esta cábala absolutamente predecible, hay que hablar de las responsabilidades históricas que afrontará la señora Matiz.
Siguiendo el orden cronológico, se convertirá en la gobernadora número 11 del departamento del Tolima, desde que se instauró la elección de autoridades regionales por voto popular y será investida como la primera mujer en ocupar ese cargo.
Un asunto nada menor y de marcada connotación, si se tiene en cuenta que la ahora candidata llega respaldada por la coalición ‘Con Seguridad en el Territorio’, en torno a la cual se integran seis partidos y movimientos políticos, entre ellos el conservatismo, algo impensable hace 50 años.
Sobre su nombre, no existen mayores discrepancias.
Se le reconoce por su probada experiencia en el ejercicio de lo público como Contralora Municipal de Ibagué, Gerente de Infibagué, secretaria de despacho en la administración departamental y congresista, todos roles donde ha demostrado gran capacidad de trabajo y ejecutoria.
Si algo pudieran cuestionar sus opositores, es el hecho de llegar impulsada por la maquinaria del Óscar barretismo, estructura que busca mantener la hegemonía y control sobre el aparato estatal, con todo y los peligros que el totalitarismo representa.
A parte de eso, la única situación escandalosa que ha afrontado, desde que prendió motores la campaña, fue el respaldo manifiesto que a su nombre hiciera el condenado ex ministro de Estado, Alberto Santofimio.
Ser mujer le impone un reto aun mayor, que se traduce en compromiso hacia las tolimenses, con tasas de violencia intrafamiliar y de género en aumento, que, a la semana epidemiológica 38 del año 2023, se traducen en más de 2248 casos, 323,2 reportes por cada cien mil habitantes, siendo las niñas entre 10 y 14 años las principales víctimas.
Cuando de intentos de suicidio se trata, la mayor tasa de incidencia también está en el género femenino, con 80.4 casos por cada 100 mil habitantes.
Un panorama que demandará desde su ejercicio de gobernanza, la aplicación real de políticas públicas, en procura de la defensa de las mujeres y sus derechos, que trasciendan mucho más allá de la existencia de una Secretaría con su rótulo.
La reivindicación femenina en el ejercicio del poder debería, igualmente, poderse ver reflejada en la conformación de su gabinete, si bien no con la institución de un matriarcado, sí con una distribución paritaria de las posiciones más importantes en su estructura de mando.
Llegar al piso 10 del ‘Palacio del Mango’, también pondrá a prueba la sagacidad política de Adriana Magali.
Más allá de que el líder de su organización esté jugado con esta candidatura, deberá asumir los compromisos interpartidistas y gobernar desde la convergencia para conservar el respaldo de los partidos, necesario en la conformación y sostenimiento de las mayorías al interior de la Asamblea departamental.
Al margen de si su copartidario Jorge Bolívar es elegido o no alcalde de la capital tolimense, resulta preponderante el que se reactive la agenda Ibagué – Tolima, que, asegure el impulso de las grandes transformaciones que necesita la ciudad y la terminación de otras obras que parece, no lograrán ser culminadas en la actual vigencia.
Pensar desde el romanticismo en un gobierno independiente es utópico, en un sistema político donde se naturalizaron prácticas hoy casi imposibles de remover.
Pero lo mínimo que los demócratas esperaríamos es que ejerza el poder con responsabilidad, sin sectarismos, entendiendo que la campaña termina el 29 de octubre y que los resultados confieren el título de gobernador para los tolimenses y no únicamente para sus amigos y electores.
De Adriana Magali Matiz esperamos temple para saber decir no a todos los caprichos de su mentor y que, nunca más, se repitan episodios en los que la maquinaria pública llegue a las postrimerias de los municipios que requieren la habilitación de vías, en medio de situaciones de emergencia y retornen por órdenes superiores, sin mover un centímetro de tierra, solo para pasarle factura a los alcaldes no alineados, sin importar el padecimiento de las comunidades.
Por demás está decir que el momento demandará la acción de una oposición a la altura, necesaria en democracia, que haga sonar la campana para abrir los ojos, cuando los áulicos y aduladores pretendan hacer ver el abismo como un paso seguro.