¿Qué nos deparará en 2024?
Algunas, algunos y neutros, ya están consultando el Horóscopo Chino que en 2024 celebra el año del Dragón simbolizando el poder espiritual y encarnando la fuerza como la mayor virtud, a ver que les depara en temas de salud, el dinero y el amor; y muchos también a Nostradamus a través de su comentarista el famoso británico Mario Reading, quien dice de varias predicciones que dejó el profeta para este año cuyos protagonistas serían, el Rey Carlos III de Inglaterra cuando en su libro se lee de la ¨expulsión forzada del Rey de las Islas¨, o sobre la China cuando habla que un ¨adversario rojo palidecerá de miedo aterrorizando al gran océano¨ refiriéndose a un posible conflicto con Taiwán, o el Papa Francisco ya con 88 años, cuando se menciona la muerte de un pontífice muy anciano, y por último y la que más llama la atención, es cuando advirtiendo de una hambruna, escribe que la tierra se secará y a su vez tendrá grandes inundaciones, acabando con campos y cultivos.
Y aunque sobre estas tierras Notradamus no dice nada en particular, Colombia si tiene todo que ver con el calentamiento global y la seguridad alimentaria del planeta, pues tenemos gran parte de lo que es considerado hoy en día el pulmón del mundo y generador del 20% del oxigeno en la atmósfera de la tierra, además del gran potencial agroalimentario de Colombia frente al desafío de la inseguridad alimentaria global.
Pero qué podría pasar con nuestros propios desafíos ahora que decretaron en Colombia el salario mínimo en 1.300.000 pesos y que integralmente le costará más de $2.000.000 a cada empresario que los ocupe, ahora que la inflación tiene buenos indicadores y el Banco de la República empezó a ceder en su tasa de interés, o la tranquilidad financiera producida por la estabilidad cambiaria del dólar. Que podría pasar ahora, que toca financiar las guerrillas y grupos violentos para que no secuestren y un millón de jóvenes para que no delincan, o que podría pasar ahora y sin plata para pagar la denominada renta ciudadana que incluye otras ayudas del gobierno nacional, sin cuantificar aún la financiación de las reformas, la transformación productiva y el fortalecimiento de la economía popular. Muchos y muy grandes desafíos para este año y sin embargo nos mostramos muy optimistas cuando el Centro Nacional de Consultoría muestra que el 71% de los colombianos creemos que el 2024 será mucho mejor.
En el Tolima también nos acompaña el optimismo y soñamos afrontando exitosamente nuestros propios desafíos al escuchar los discursos de posesión de las nuevas mandatarias, especialmente cuando llaman a la unidad y a trabajar de la mano con las comunidades.
Dos discursos diferentes, uno el de la gobernadora que gastó cerca de 20 minutos, un poco más pragmático al insistir que el Tolima nos necesita más actuantes y firmes, y al insistir que no se quedará en el discurso ni en la retorica, que llegó la hora de la seguridad en el territorio, la hora de los hechos, de trabajar y hacer mucho más por esta tierra. Y el discurso un poco romántico y expresivo, aunque algo extenso pero gustador de la alcaldesa de Ibagué que promete construir sobre lo construido y desarrollar un gobierno más social e incluyente para saldar muchas de las deudas sociales, entre otras la deuda del agua terminando el acueducto complementario y fortaleciendo los acueductos comunitarios, y la deuda de la conectividad mejorando la movilidad y tapando huecos.
Aunque el año termina con fuertes descalificativos del gobernador Orozco para con el alcalde Hurtado y viceversa cuando el alcalde tilda al saliente gobernador como jefe del cartel de la salud, y se inicia el nuevo año con la decisión política del Partido Conservador de hacer franca oposición al gobierno municipal sumado a la advertencia de Hurtado como respuesta, de ir por el fin de esa hegemonía partidista en el Tolima. Esperamos entonces para tranquilidad regional que los Nostradamus Criollos del Ping Pong Político, Pulso Político y el Olfato de Lucho, no armen sus propias cábalas para el 2024 advirtiendo que no pasaría siquiera un año para que se rompa esa armonía manifiesta en los discursos de posesión y se desate una lucha desafiante y sin cuartel por el poder político regional, y que se pronostique más bien, ese trabajo armónico y de unidad, expresado por las nuevas mandatarias del Tolima e Ibagué.