Ya era hora
No puede subestimarse la importancia de una junta directiva sólida y una presidencia eficiente en un gremio económico de comerciantes, como lo es la Cámara de Comercio de Ibagué. Más allá de ser simplemente figuras de liderazgo, estas entidades desempeñan un papel crucial en la forja del destino colectivo de los comerciantes que representan y del tejido empresarial en general.
Una buena junta directiva actúa como el timón que guía la nave de intereses diversos y a menudo divergentes, no intereses particulares como suele ocurrir en nuestra región. La capacidad para navegar por las aguas turbulentas del entorno económico, legislativo y social es esencial, de tal forma que es mandatorio poseer competencias clave como pensamiento estratégico y liderazgo. Decisiones estratégicas informadas y la habilidad para anticipar y adaptarse a los cambios son el sello distintivo de una junta directiva efectiva.
¿Será que podremos decir con tranquilidad que la junta directiva actual de la CCI posee dichas características? Por como algunos fueron elegidos y ante la existencia de la mano invisible de un cuestionado empresario, podría pensarse que no; sin embargo, es justo considerar que se debe atender exclusivamente a los resultados para emitir un juicio de valor válido. Por ahora, entendiendo este contexto, se debe reconocer y aplaudir la reciente decisión del nombramiento de Manuel Fernando Castillo como presidente de la junta directiva, pues la figura presidencial emerge como el faro que ilumina el camino de esa nave de empresarios. Un presidente visionario no solo lidera, sino que inspira. La capacidad para comunicar una visión clara y movilizar a los comerciantes hacia metas comunes es un activo invaluable. Además, la gestión eficiente de conflictos y la promoción de la colaboración fortalecen el tejido social y empresarial del gremio. No cabe duda de que Miguel posee las calidades humanas y profesionales para encaminar el gremio hacia la anhelada meta de desarrollo que nos está debiendo la CCI, a causa de la cuestionada administración pasada, en donde no hubo ni faro ni quien llevara el timón de manera eficiente y con profesionalismo.
La unidad de los comerciantes en un gremio económico se cimenta en la confianza que inspira una junta directiva bien liderada. La transparencia en la toma de decisiones, el respeto a la diversidad de opiniones y la inclusión activa de todos los miembros son esenciales para construir esta confianza. Una junta directiva y una presidencia sólidas son la columna vertebral que sostiene el éxito y la prosperidad de un gremio económico como la CCI. En un mundo empresarial cada vez más complejo, la calidad del liderazgo se convierte en el catalizador que impulsa el crecimiento colectivo.
Estoy segura de que Miguel Fernando no cederá a presiones para satisfacer intereses particulares, frenará el derroche en el turismo gremial que ha caracterizado el gremio y, su tarea más importante, se encargará de garantizar un proceso de selección transparente y bien hecho para elegir el próximo o próxima presidente ejecutivo de la entidad. La inversión en una dirección competente es, sin duda, la inversión más sabía que cualquier gremio puede realizar en su propio futuro. Es un momento muy importante para la Ibagué y serán protagonistas de un verdadero cambio que impulse la formalidad, el desarrollo y la economía de la región. Bien por la junta directiva de la CCI, bien por Miguel Fernando Castillo y bien por la ciudad.