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Gobernanza con autoridad

Hay temas coyunturales sobre los que la toma de medidas no da espera y que demandan autoridad y verticalidad de la administración de Aranda.
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18 Feb 2024 - 6:48 COT por Ecos del Combeima

Involucrar a los ciudadanos en la toma de decisiones, parece ser una de las estrategias centrales con las que la alcaldesa de Ibagué, Johana Ximena Aranda, apuesta por mantener la popularidad y con ello la gobernabilidad de su administración.

Aunque aún es muy temprano para preocuparse por cuestiones de imagen y la percepción que de ella tengan los ibaguereños, entre sus asesores y estrategas se ha hecho una prioridad evitar que ese capital reputacional, obtenido en las urnas, se pierda con el tiempo.

En apenas mes y medio, bajo esa fórmula se han orientado las modificaciones al sistema de pico y placa en la ciudad e incluso se determinó el aplazamiento del día sin carro, para atender así el pedido de la iglesia y sectores económicos que anticipaban pérdidas millonarias ante la coincidencia de la fecha con el comercial día de San Valentín.

Sin embargo, ambos gestos han despertado tanta simpatía como molestia entre los ciudadanos.

En días recientes, por ejemplo, un conductor de taxi aseguraba que la movilidad en la capital del Tolima había empeorado con la habilitación de franjas valle para el desplazamiento de vehículos particulares, prolongando los trancones de las horas pico, notables y cada vez menos manejables sobre corredores como la avenida Ambalá y la Pedro Tafur.

Incluso se abrió el debate sobre la legalidad de decisiones, que, por bien intencionadas, no pueden pasar por encima de la majestad de la ley, como pretender modificar de un plumazo un mandato dado a través de un acuerdo del Concejo Municipal.

No lo hace mal la mandataria cuando apuesta por la gobernanza como un recurso para mantenerse cerca de la gente, en especial cuando las dinámicas geopolíticas cambiantes nos conducen hacia una democratización en casi todas las esferas sociales, otorgándole protagonismo principal a la opinión, la participación de la ciudadanía y el gobierno abierto. Pero se hace necesario ponderarlo.

Quizás una de las lecciones más exitosas de introducción de la gobernanza en los procesos de liderazgo de ciudad la dio hace más de dos décadas el profesor Antanas Mockus, en Bogotá, proyecto que por incluyente y conciliador tenía claras dos grandes herramientas para la conducción de los asuntos de interés colectivo: el garrote y la zanahoria. Ambos igual de necesarios y útiles.

Bajo esa lógica, el único camino no puede ser el de la negociación y la concertación perpetua, porque los costos a futuro resultan más altos que los réditos que de ellas se obtengan.

Ceder en todo, someter a consideración asuntos que requieren más rigor técnico que likes, puede convertirse con el tiempo en un boomerang inesquivable, dejando entre los ciudadanos la impresión de que se está, no frente a un gobierno que escucha y construye en colectivo, como lo sugiere la visión romántica, sino ante una administración débil y fácilmente manipulable.

En el momento en que, eventualmente, ese pacto social se rompa las consecuencias pueden terminar siendo las que ya otros mandatarios han experimentado en carne propia.

Olas de bloqueos y manifestaciones en cada barrio o protestas como las de los transportadores del servicio público en 2023 que terminaron confinando la ciudad cuando (al margen de las irregularidades presuntas en el Convenio de Infotic) sintieron amenazado el lucrativo negocio que tradicionalmente pareciera estar en manos de una mafia.

Hay temas coyunturales sobre los que la toma de medidas no da espera y que demandan autoridad y verticalidad de la administración de Aranda.

Así pues, La recuperación del espacio público no puede estar supeditada a lo que los informales crean es lo más conveniente, cuando de por medio está el cumplimiento de sentencias de los jueces de la república.

Tampoco admite posiciones dubitativas el inmediato restablecimiento del derecho a la propiedad sobre aquellos predios objeto de ocupaciones ilegales, más allá del miedo que quieran inspirar ciertos abogados que, por años, han hecho de la necesidad de otros su oportunidad.  
 
Mucho menos, las problemáticas que conciernen a la seguridad y la convivencia ciudadana.

Congraciarse con unos y otros para mantener la simpatía, no es un camino que funcione todo el tiempo. Hay que andarse con cuidado alcaldesa, con suficiente tacto y prudencia para alternar generosidad y autoridad en sus justas proporciones.
 

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