La Inteligencia de Juan Mario
Todos, de presidentes de la República para abajo, resaltaron la inteligencia de Juan Mario, pero yo tengo un concepto de su inteligencia que a nadie he escuchado. Por supuesto son muchas las formas de inteligencia y muchos los llamados inteligentes en las ciencias y las artes, incluida la política. Algunos son considerados inteligentes por su habilidad racional, lógica, argumentativa, creativa o física, pero en mi opinión ninguna de estas destrezas es suficiente para que a un hombre se le pueda imputar tal virtud. Creo más en la concepción aristotélica de juzgar las ideas y las acciones por sus fines y en ese sentido será inteligente aquel que entienda que al mundo venimos a ser felices y que la felicidad no se alcanza con solo realizaciones individuales, sino con actos en beneficio de los suyos, digamos de su familia, y, finalmente, la cumbre de la felicidad, con acciones en favor de la sociedad.
De las conversaciones en las que tuve el placer de disfrutar el pensamiento de Juan Mario y luego al escuchar en Ecos del Combeima a su gran amigo Ricardo Gardner y su hermana Catalina, pude concluir los verdaderos motivos por los que decidió marginarse del mundo intelectual y los altos círculos del poder, para dedicarse a recorrer pueblos, veredas y barrios, asumiendo riesgos como el que finalmente acabó con su vida, y escuchando reclamos de hombres y mujeres que por estar en la marginalidad de las regiones no han logrado un digno nivel de vida. Según Gardner –si lo entendí bien- Juan Mario hizo una profunda reflexión: “Si no tengo hijos ¿qué hago para ser feliz?” y se contestó “voy a dedicar todas mis capacidades a hacer cosas por la comunidad”; y dijo Catalina que al acompañarlo en las correrías políticas, siempre le expresó su angustia de ver, por ejemplo, campesinos que no pedían subsidios sino vías para sacar los productos a los que habían entregado su patrimonio y esfuerzo.
Si estas eran las palabras a quienes conocían realmente su intimidad, es porque son sinceras y salen de la profundidad de su alma y de su entendimiento; y si así pensaba estábamos ante un hombre no bueno, que realmente lo era, sino excepcionalmente inteligente.
De manera que, en mi opinión, la inteligencia de Juan Mario no consistió en el dominio que tenía de los conocimientos científicos de la economía; esta era una virtud que le dio prestigio nacional e internacional y que en algunas ocasiones pudo convertir en normas como el fondo de pensiones o la Ley 617, pero que en realidad implicaban poco esfuerzo comparado con lo que haría después. Su inteligencia consistió en tomar la decisión de hacer política al revés de como muchos la hacen, no para conseguir honores, poder y en no pocos casos dinero, sino para entregar su sabiduría, su patrimonio, su salud y hasta su vida a la humanidad. Pero su inteligencia fue aún mayor cuando decidió dedicarse al Tolima, donde no nació pero vivió gran parte de la juventud, y pedir apoyo a los líderes de su partido Gómez Gallo Y Oscar Barreto, quienes tuvieron también la grandeza de poner sus equipos políticos al servicio de su campaña, y especialmente el doctor Barreto que lo acompañó hasta el último instante, sin celos ni temores, pero que también Laserna supo responder con indiscutible lealtad.
Supe que muchos, creyéndose inteligentes, le indicaron que su lugar debía ser los altos centros intelectuales de la capital y el mundo y creen aún tener más razón ante la forma absurda en que vino a morir, seguramente por estar detrás de los cafés especiales de Planadas y no sé qué más cosas de esas; yo por el contrario siempre le dije que la política debía ser su lugar, porque esta actividad es para hombres de su talla, así muchos crean que no.
Yo creo en Dios, pero no sé por qué Dios nos quita hombres de estos. Sus exequias fueron dolorosas no solo para su familia sino para muchos. Pero no queda sino llorar y luego, como en una tranquilidad vacía, hacer actos para honrar su memoria como crear la fundación que propone su hermana y el homenaje Ibagué Capital Logística que por él organiza Ecos del Combeima. Gracias.